La historia de Jim

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Hace unos días me regalaron el libro titulado Compromiso y Liderazgo de Douglas Hyde, cuya lectura recomiendo. El autor es un ex-miembro del Partido Comunista inglés que se convirtió al catolicismo, y trata de exponer de manera objetiva las estrategias de éxito seguidas por el Partido Comunista para la creación de líderes dentro del partido, y que pueden ser aplicadas a cualquier otra causa. En concreto, narra una historia que me ha parecido especialmente interesante en el estudio del liderazgo. Se trata de la historia de Jim, un afiliado al partido comunista, el cual es descrito por el autor como “bajito, extremadamente gordo, con cara pálida, con una mancha en un ojo, y además, tartamudo”. Como se puede observar, Jim no era precisamente la imagen que podemos tener en nuestra mente de un líder.

El autor, profesor en aquel momento de cursos de formación impartidos por el Partido Comunista, comentó en una de sus clases, como hacía por costumbre, que todos los allí presentes podían en el futuro llegar a ser líderes del partido. Al final de la clase, Jim se acercó al autor,  y le preguntó si incluso él, una persona insegura por su apariencia y problemas de comunicación, podría llegar a ser un líder. La respuesta fue que sí, recogiéndose de forma breve en el libro los puntos en que se basó la estrategia de su formación:

1. Ofrecieron a Jim una causa en el que creer. Dentro de esta estrategia, además de instruir a Jim en las supuestas nobles causas del comunismo, se le convenció de que él podía ser una pieza clave en el cambio que, según el partido Comunista, necesitaba la sociedad.  Sólo unos pocos estaban llamados a conseguir cambiar la sociedad, y se convenció a Jim de que él sería parte de la minoría que haría posible dicho cambio. Así pues,  se le proveyó no sólo de una causa en la que creer, sino además se hizo creer en su potencial para ser parte fundamental en la consecución de dicha causa.

2. Enseñaron a Jim a creer en sí mismo. Derivado del punto anterior, el ser parte de la minoría que lograría la tan perseguida revolución social, se le hizo creer en su potencial como persona. Este aumento de su autoestima se complementó con clases de formación donde él mismo podía sentir cómo era capaz de resolver cuestiones ideológicas que ignoraba anteriormente. Al hacerle creer en sí mismo, su inseguridad se fue reduciendo, a la vez que aumentaba su confianza, lo cual le llevó incluso a reducir su tartamudez.

3. Demostraron que creían en Jim asignándole nuevos retos: No sólo vale con hacer creer en sí mismo a una persona, hay que demostrar que de verdad se cree en su potencial sabiendo delegar tareas, aunque las mismas sean todo un reto al principio. Una de las claves en la formación de los miembros el partido Comunista era la continua exigencia personal a sus miembros, y en el caso de Jim, no fue menos. Tras pocos meses de formación, se le pidió que empezara a preparar sus propias clases para nuevos miembros del partido. Al principio, mostró su reticencia, ya que le parecía un paso de gigante en su labor dentro del partido. Él no creía en su capacidad para ser profesor, pero poco a poco accedió y acabó realizando sus propias clases con éxito. Fueron más allá. Posteriormente, le pidieron que se convirtiera en orador para el partido. De nuevo reaccionó con reticencia,  ¿Cómo podía ser él orador si hacía poco tiempo era un hombre tímido e inseguro, incapaz de hablar en público?. Acabó siendo uno de los comunicadores más eficientes del partido. La gente le prestaba más atención a él que a ningún otro orador, ya que les impresionaba el gran esfuerzo y la pasión con la que daba sus discursos. Es más, Jim acabó ascendió de forma continua dentro del sindicato del partido en Gran Bretaña, llegando a convertirse en líder nacional en su sector industrial.

4. No prejuzgaron a Jim, ni dudaron de su potencial. En esa primera clase en la que Jim preguntó si podría llegar a ser un líder, lo más fácil para el profesor hubiera sido avisarle de la “cruel realidad” de que no tenía manera de líder, y que podría ser útil para el partido en otras tareas más sencillas, pero no fue así. Sabían que si contaban con la pasión y las ganas de aprender del estudiante, podría superar todas las barreras existentes, y desarrollar capacidades que ni el mismo estudiante creía que tuviera.

Así pues, nos encontramos ante una persona que jamás se habría considerado así misma como posible líder y que muchos al conocerlo tampoco habrían creído en él, pero que, con unas pautas básicas, consiguieron convertirlo en todo un ejemplo para los demás.

Dejando a un lado la formación o adoctrinamiento político del Partido Comunista, esta historia sirve como ejemplo para demostrar que cuando existe una causa o un objetivo definido en el que se cree, tienes confianza en sí mismo y formas parte de un entorno que cree en ti, no hay límites para llegar a ser en un gran líder. Parece sencillo, pero conseguir dichas bases no es fácil. Para potenciar futuros líderes, es necesario no prejuzgar a las personas (¡No hay caer en los prejuicios!) y saber ver en los demás las potencialidades que la propia persona no cree ni por asomo que tiene para la consecución de sus objetivos. No es fácil, pero como demuestra esta historia, todo es posible.