Prácticas en los Estados Unidos: Características del visado de intercambio J-1

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Conseguir trabajar legalmente en lo Estados Unidos es todo un reto dada la enorme dificultad que supone obtener un permiso de trabajo, tanto por sus estrictos requisitos legales, como por su elevado coste económico. Sin embargo, si sólo deseas la realización de un programa de prácticas o training en los Estados Unidos por un periodo determinado de tiempo, una opción muy interesante es la denominada visa J-1 de Intercambio. En principio, esta visa está pensada para intercambios en el ámbito de la investigación académica, pero también permite la realización de periodos de prácticas en diversos sectores de actividad, con el fin de permitir a estudiantes internacionales adquirir experiencia profesional a la vez que mejorar el nivel de inglés.

En concreto, este visado permite participar en dos modalidades de programas de prácticas en los Estados Unidos: Programas de Internships por un periodo máximo de un año, y programas de Traineeships por un periodo máximo de dieciocho meses. Los principales requisitos necesarios para poder solicitar este tipo de visado son los siguientes:

  • En primer lugar, para la modalidad de internship, es requisito indispensable ser estudiante universitario (ya sea de grado, o de máster), o haber finalizado los estudios universitarios dentro de un plazo máximo de un año. El plazo cuenta desde la fecha que figura en el título provisional obtenido al terminar los estudios, o si dispones de tu título definitivo, desde la fecha indicada en el mismo. Además, los estudios realizados tienen que estar relacionados con el programa de prácticas. Así, en el caso de que el puesto sea de gestión, se requerirá que se hayan finalizado estudios de ADE o Economía, y no cabría aplicar a ese puesto con un título universitario no relacionado.  En el caso de la modalidad de trainingship, junto al requisito anterior, se exige contar con un año de experiencia en el mismo área de actividad donde se desean realizar el training.
  • En segundo lugar, es necesario contar con un nivel alto de inglés. La legislación norteamericana exige un nivel proficient, pero por experiencia personal, puedo asegurar que la prueba de inglés consiste en una simple entrevista telefónica de cinco minutos, donde se plantean cuestiones generales para comprobar que el candidato dispone al menos un nivel intermedio de inglés. Eso sí, trabajar en una empresa estadounidense implica, como es lógico, un nivel alto de inglés en el que seas capaz de mantener una conversación con un cliente, o de  contestar llamadas telefónicas con fluidez. Así pues,  no te conformes con el típico “nivel medio” que se suele decir en España, cuanto mejor sea tu nivel de inglés, menor será el shock de la adaptación al nuevo entorno laboral (créeme, contestar el teléfono en inglés y no entender lo que te están diciendo puede ser muy frustrante..).
  • En tercer lugar, se exige disponer de una propuesta laboral por parte de una compañía estadounidense para realizar prácticas o training en el mismo ámbito de la carrera estudiada en los Estados Unidos. Dicha oferta la puedes encontrar contactando directamente a las empresas a través de sus páginas web, o a través de portales de empleo estadounidenses como indeed.com o careerbuilder.com. Por otro lado, existen plataformas especializadas en la gestión de visas J-1 que suelen ayudar en la búsqueda de prácticas, como es el caso de Travelingua en España, la cual dispone de una amplia oferta de internships que podéis consultar aquí. Estas plataformas son sin duda una opción más sencilla para conseguir una oferta de prácticas en vez de tratar de buscar directamente en portales de empleo norteamericanos, ya que muchos empleadores desconocen totalmente el funcionamiento de este tipo de visados.
  • Por último, una vez que se dispone de una oferta para la realización de prácticas, es necesario contactar con un sponsor que se encargue de la gestión de la visa frente a la administración federal estadounidense. El sponsor es el organismo  que representa a los candidatos frente a las autoridades norteamericanas, acreditando además la veracidad del programa de training. El sponsor será el encargado de contactar con la empresa y confirmar con la misma el programa de training, además de proporcionar un seguro al candidato una vez que esté en Estados Unidos. Un ejemplo de Sponsor es CIEE, en cuya página web se pueden ver los distintos programas de training para extranjeros que pueden resultar interesantes, como son los denominados Summer Work & Travel programs. CIEE dispone de varios representantes en España,  que se encargan de la gestión de dichos programas, desde la oferta de prácticas hasta la propia gestión de la visa, y cuyo listado se puede encontrar en su web. En concreto, por mi experiencia personal en la tramitación de mi visa J-1,  recomiendo como representante de CIEE en España a Travelingua.

 

El tiempo total de gestión de la visa oscila entre cuatro y seis semanas, incluyendo la realizanción de la entrevista  personal obligatoria en la embajada (la embajada tarda en dar cita como unos 15 días, dependiendo en todo caso de la época del año) y el envío del pasaporte con el visado. La parte que conlleva más tiempo de trámite es la aprobación del programa de training específico por parte del Sponsor, ya que en el mismo se deben detallar las tareas concretas a realizar (no vale, por ejemplo, decir sólo Management o Marketing, es necesario mencionar las principales tareas del puesto ofrecido). Cuanto más detallado y relacionado con el ámbito de estudios del candidato sea, más rápido será el trámite. Además, es necesario justificar cómo dichas tareas pueden ser de utilidad para el becario, así como  la aportación económica asignada al candidato, y el nombre del tutor del candidato dentro de la empresa. Ten en cuenta que si las prácticas son a título gratuito es necesario demostrar que dispones de suficientes recursos económicos para pagar tu alojamiento y demás gastos como el transporte.  La cantidad económica total a justificar dependerá del tiempo total de estancia en los Estados Unidos, así como de la ciudad donde se vaya a residir (ten en cuenta que la diferencia de costes entre ciudades en Estados Unidos puede ser enorme, sobre todo en términos de costes de alquiler y precios de supermercados).

Una vez finalizada las prácticas, si todavía tienes ganas de seguir ampliando tu experiencia en los Estados Unidos, es posible volver a aplicar a un nuevo periodo de prácticas en la misma compañía en la que has trabajado (esperando tres meses desde la fecha de finalización de las primeras prácticas) o con otra empresa, siempre que las nuevas prácticas se centren en otras actividades diferentes a las realizadas anteriormente. Ten en cuenta que en la aplicación se debe indicar las nuevas actividades a desarrollar si no quieres que la misma sea denegada. En lo referido al traineeship, una vez transcurridos los 18 meses máximos permitidos, es necesario esperar dos años para poder aplicar a otro programa de traineeship o prácticas. En todo caso, en ambos casos se deben cumplir con los requisitos generales recogidos en los puntos anteriores.

Para finalizar, otro aspecto relevante de los programas de internship y traineeship es que no están sometidos a la Section 212 (E). Dicha cláusula supone la prohibición por dos años para aplicar a cualquier visa, tanto migratoria, y no migratoria, incluida la propia visa J-1. Así pues, es posible aplicar a cualquier otra visa distinta a la J-1 una vez finalizados dichos programas sin restricción, siempre que se cumplan con los estrictos requisitos de las otras visas existentes.

Si tenéis cualquier cuestión sobre las visas J-1 o sobre los programas de prácticas o traineeship, o sobre mi experiencia en los Estados Unidos, no dudéis en contactar conmigo, estaré encantado de responder a vuestras cuestiones. En todo caso, en el siguiente link podéis encontrar toda la información detallada sobre este tipo de visa: http://j1visa.state.gov/ .

¿El becario “a la bartola”?

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Hace ya varias semanas que se puede escuchar por la radio y ver por internet un anuncio de una marca de automóviles que me enfada bastante. En el mismo, se escucha a un supuesto becario de dicho fabricante actuando como el primo que le toca trabajar en verano, y que, como no hay nadie en la oficina, decide fijar la política de precios del fabricante a la ligera y sin profesionalidad, o como dice el anuncio, a la bartola. Es decir, el anuncio hace gracia de un supuesto becario, que tienen trabajando en verano cuando  los demás empleados están de vacaciones y que aprovecha la situación para actuar de forma irresponsable y poco profesional.

Quitando la exageración propia del anuncio para atraer la atención del consumidor,  es especialmente hiriente saber que en la sociedad esa sea la connotación de la figura del becario. El becario es el primo, “el último mono”, que hace lo que nadie quiere, lo cual conlleva a que sea menos diligente en su trabajo.

Es cierto que el becario es el último en la cadena de decisión, ya que está en la empresa para aprender e inciar su carrera profesional, no se puede llegar y pretender ser el gerente aunque se tengan muy buenas habilidades, ya que  experiencia es un activo esencial. El problema surge  por la desfiguración del concepto de becario llevado a cabo por numerosas empresas. Son muchas las empresas que tratan de disfrazar tras la figura del becario puestos que son de inferior categoría con el fin de conseguir un ahorro en sus costes laborales. No hay una verdadera intención de formar al joven profesional sino de aprovecharse del mismo, y los planes de formación son meros documentos vacíos para poder justificar la contratación (que conste por supuesto que no son todas las empresas, ya que por suerte hay firmas que diseñan planes auténticos planes de formación, no es mi intención generalizar).

El becario es un chico/a joven, estudiante o recién licenciado que desea poder entrar en el mercado laboral cada vez más competitivo, donde saber inglés o tener dos carreras ya no es suficiente,  con el fin de  poder ganar experiencia y luchar por una posible incorporación en la empresa  a través del trabajo y del esfuerzo. Sólo el proceso de selección de grande empresas para puestos de becarios o juniors es más competitivo y complejo que el trabajo que han hecho alguno de nuestros representates políticos para llegar a su puesto. Yo lo he vivido de forma personal, y he conocido a muchos grandes profesionales en esa situación. Así pues me duele especialmente esta ridiculización de gente que están luchando por su futuro, por poder tener al menos una oportunidad de conseguir sus objetivos tras años de estudio.

Por ello me enfada que esa se ridiculice la figura del becario como se hace en dicho anuncio, porque así es como muchos hemos empezado nuestra carrera profesional, y puedo asegurar que no había ni un segundo en el trabajo para estar “a la bartola”.

Aportación de vivienda a una sociedad: La Plusvalía municipal

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Siguiendo con el post anterior sobre la tributación de las personas físicas que llevan a cabo aportaciones de bienes inmuebles a sociedades, quiero tratar en profundidad  un tributo local cuanto menos problemático y polémico como es el Impuesto por Incremento del Valor de Terrenos de Naturaleza Urbana (IIVTNU), también conocido como “plusvalía municipal”.

Como se indicó en el mencionado artículo, las ampliaciones de capital realizadas por personas físicas a una sociedad  mediante la aportación de un bien inmueble o vivienda urbana suponen una transmisión patrimonial, y por tanto, entra dentro de los supuestos sujetos a dicho impuesto. La persona o entidad aportante de la vivienda sería el sujeto pasivo que debe hacer frente a dicho impuesto, excepto en el caso de que el aportante fuera una persona física o jurídica no residente en España, en cuyo caso el sujeto pasivo pasaría a ser la propia sociedad a la que se aporta el inmueble.

Es muy importante tener en cuenta este impuesto a la hora de decidir llevar a cabo esta operación, ya que esta plusvalía puede suponer un importante coste, pudiendo llegar a suponer casi el 10% de la operación (sobre todo tras la subida de los valores catastrales de los terrenos urbanos que se ha llevado a cabo en los últimos años) dependiendo en todo caso del tiempo que se haya tenido la propiedad  de la vivienda.

El plazo para llevar a cabo la liquidación del impuesto es de  30 naturales desde la fecha de la transmisión. En el presente caso que estamos tratando de aportaciones de viviendas a socieadades, será desde la fecha de escritura donde se formalice la operación  o desde la ratificación de las mismas en caso que no se haya llevado a cabo al otorgar la escritura. Una vez que dispongamos de las escrituras, se puede realizar directamente la liquidación del impuesto. Muchos ayuntamientos ofrecen formularios online e incluso software para llevar a cabo la liquidación del impuesto, aunque en caso de duda siempre es posible ir a las oficinas de hacienda de cada ayuntamiento con una copia simple de la escritura para realizar la liquidación. El valor base que necesitamos para poder llevar a cabo dicha liquidación es el Valor catastral que viene recogido en último recibo del IBI pagado por el propietario. Una vez que se dispone de dicho valor, se aplica un porcentaje de reducción correspondiente. Dichos porcentaje son fijamos por los propios ayuntamientos, y el mismo depende del numero de años en los que el propietario ha dispuesto de la vivienda. Cuanto más tiempo se haya sido titular de la misma, menor será el porcentaje de reducción, y por tanto, mayor será el la base imponible del impuesto.

Una vez aplicado el porcentaje de reducción, se aplica sobre el mismo el tipo del impuesto correspondiente. En el caso de la ciudad de Madrid, el porcentaje del impuesto actual está en torno a un 29% en el caso que se haya sido titular de la vivienda alrededor de veinte años.

Aunque no parezca en un primer momento que éste sea un impuesto relevante a la hora de decidir realizar la aportación de una vivienda a una sociedad, su coste puede ser muy importante, sobre todo si se ha sido titular de la vivienda durante un largo periodo de tiempo. Así pues,  no tenerlo en cuenta  puede ser una ingrata sorpresa , sobre todo teniendo en cuenta los costes de notaría, y de inscripción en el registro mercantil y de la propiedad que supone esta operación, más plusvalía a efectos de IRPF o Impuesto de Sociedades.